Solucionando un problema inexistente

¿Alguna vez te pusiste a arreglar algo que NO estaba roto?
Hablo de que casi sin diagnóstico te pusiste a buscar un problema en un lugar totalmente equivocado.

Me llaman porque el apilador de la corrugadora estaba desactivado por una barrera de seguridad.
Los eléctricos ya llevaban un buen rato con el problema y la máquina seguía parada.
Por supuesto, cuando pregunté qué pasaba, los diagnósticos estaban en boca de todos:
—Está desalineada la barrera de seguridad, como la última vez.
—Siempre pasa, se tuerce cuando la golpea una plancha.
—Tenemos que usar un hilo para alinearlo bien.

Listo, la solución era bastante simple.
Pero, luego de un rato de batalla, no había forma de sacar la falla.
Tratábamos de alinear el sensor de seguridad como tantas otras veces, pero no podíamos hacer que se activara.

Estuvimos más de una hora parados sin saber por qué no podíamos hacer que funcionara.
Es impresionante cómo vuelan los minutos cuando estamos sobre una falla complicada.
Un desastre.

Se me cruzó esta pregunta por la cabeza: ¿qué me estoy pasando por alto?
¿Por qué esta vez no funciona la alineación?

Bueno, resulta que el sensor tenía un display, donde había un número rojo que insistía titilando, para que alguien le prestara atención.


Ya sin saber qué más hacer, busqué el manual en internet suponiendo que ese código significaba sensor desalineado.
Pero NO, el código indicaba una falla en el pulsador de rearme.
Después de todo, el problema era un simple contacto sucio.

Todos muy motivados en solucionar un problema inexistente.
Hermoso ese momento como un flash en el que te das cuenta de lo equivocado que estabas.

¿Por qué nos pasa eso?
¿Por qué no hicimos lo más simple primero?
¿Por qué nos convencemos a nosotros mismos de que estamos en lo cierto?

Es como un sesgo de confirmación porque nos convencemos de que ya sabemos lo que pasa.

Es nuestra cabeza tomando atajos para terminar más rápido.
Y usamos la memoria de algo que nos pasó otras veces para meternos de lleno a resolver en lugar de analizar la situación.

Aún me acuerdo la cara del gerente cuando le explicaba el detalle de la parada y que se nos complicó por no leer el manual.
Y a propósito escribo esto dedicado a la memoria de Carlos Losano, a quien hace muchos años, le escuché decir sonriendo.
—Cuando todo falle, recurra al plano.

Hace más de 25 años que resuelvo fallas en máquinas de cartón corrugado.
Esta comunidad está formada por personas que nos enfrentamos con estas situaciones todos los días.
Y nos sentimos cómodos con eso.

Entonces, si algo de lo anterior te ha sacado una sonrisa, te invito a unirte a mi lista de correos donde comparto este tipo de historias y reflexiones.

Nos vemos adentro.